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El departamento

…a decir verdad, se siente sumamente extraño eso de ser independiente”.

Escrito por Abril G. Karera el 04 de Agosto de 2009

Todos nos conmocionamos cuando vimos a esa gente poner un refrigerador en la cocina. Nuestro departamento había estado deshabitado por más de medio año y ahora, al fin, parecía que alguien iba a ocuparlo de nuevo. Las puertas cedimos ante las llaves que eran probadas por cada uno de los nuevos inquilinos. Yo, la principal, me dediqué a observar cuidadosamente a esas personas que, de ahora en adelante, me abrirían diario.

—A mí me gusta mucho.—dijo la que parecía la más pequeña dando vueltas en la sala.

—¡Este cuarto será para mí!—gritó la otra chica desde la habitación azul.

—Ni modos David, Tere te lo ganó y yo ya te gané el cuarto con flores, así que te quedas con el último.—dijo Gaby señalando un cuarto, el más pequeño de los tres, David, resignado, fue a acomodar sus cosas.

La primera semana fue muy silenciosa. Gaby y David fueron los primeros en venirse, Tere parecía más reacia. Los tres habían entrado a la Universidad, lo escuché cuando la casera les enseñó el inmueble.

—¿Los tres entraron a la misma Facultad?

—No, Tere entró a la Facultad de Ciencias, David a la de Ingeniería y yo a la de Filosofía y Letras.—respondió Gaby con la vista hacia los edificios de Ciudad Universitaria.

—¿Qué hacen dos matemáticos con una niña de Letras?

—Lo mismo quisiera saber yo.

—Pues no se preocupen por llegar tarde a sus clases, ahora vivirán demasiado cerca.

Era cierto, tanto que después de la segunda semana de clases Tere y Gaby comenzaron a salir cinco minutos antes de su hora de entrada a la escuela. Ellos venían desde un pueblo llamado Coyotepec, también me enteré porque no cesaban de hablar de eso.

—Seguiremos viviendo en Coyo.—dijo David.

—¿Por qué lo dices?

—Porque es Coyo-tepec y Coyo-acán.

Oírlos reír fue quizá el signo que más perturbó a los muebles de este departamento, incluyéndome. En el edificio donde nos encontramos vive gente muy distinta. Por ejemplo, en el piso de arriba habita un señor con su hijo, el pobre Enrique, todo el día lo están regañando. En el departamento de enfrente viven tres chicas con quién sabe cuántos chicos que viven dudosamente. Debajo de ese departamento vive una familia con quién sabe cuántos niños chiquitos que luego no dejan dormir. Hasta abajo vive la abuelita, dueña del edificio, a la que todos temen. Y la mayoría de esas personas viven todo el tiempo huraños, como si la prisa de vivir en la ciudad los hubiera absorbido.

Por eso cuando la puerta del baño me preguntó:

—¿Crees que vivir con estas tres personas resulte bueno?

—Yo creo que sí, por lo que veo no suelen enojarse y a veces hasta me burlo de sus propias ocurrencias, ¿no te ha pasado? Ya no me siento una puerta inerte.—respondí.

—Yo te comprendo.—dijo la puerta de la habitación de Gaby.—Esta niña es muy extraña, por las noches se pone a escribir y luego lo lee en voz alta, no cesa de escuchar música y el otro día la vi declamando una poesía, lo hacía tan gracioso que me ganó la risa y por poco me descubre, pensó que fue un fantasma el que me abrió jaja.

—Eso suena gracioso, pero no tanto como lo mío.—intervino la puerta del cuarto de David. —El chico es sumamente lindo, con su compu se pone a hacer videos y luego canta canciones muy cursis para una tal Lupita, también se queda viendo largamente la fotografía de esa niña, a mí me da risa, además es sumamente deportivo, en las mañanas, antes de que las chicas despierten, ya está haciendo lagartijas.

—Pues yo no sé ustedes, pero la niña que vive en mi cuarto —dijo la puerta de la recámara de Tere. —solía ser muy solitaria, los primeros días la oía llorar, pero ahora se pone a cantar a todo volumen, a veces le canta a su póster de la pared, creo que es un tal John Cena, ella es muy linda también.

Y así de pronto todos los muebles fueron diciendo lo que pensaban de esas tres personas, la alacena, el fregadero, las escaleras, los sillones. Yo, como la puerta principal que soy, descubrí que era la primera vez que todos nos atrevíamos a hablar, nadie cree que los muebles puedan tener algún tipo de existencia, pero esos tres chicos vinieron a desmentirlo.

—Oigan ¿y si la puerta se enoja porque no la cerramos con llave?

Expresiones como esas fueron las que poco a poco me ayudaron a adquirir conciencia. Estoy feliz de vivir con ellos tres. El departamento entero está feliz de vivir con ellos tres. Esperamos que ellos estén felices de vivir con nosotros.

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